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News

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THE JAZZ MESSENGERS, TODA UNA INSTITUCIÓN

Trompeta, saxo, bajo, piano y batería. Con esta canónica formación, Art Blakey And The Jazz Messengers sentaron cátedra en 1958 con el álbum 'Moanin''. Una referencia indiscutible del hard bop, donde destaca la canción homónima, convertida hoy ya en todo un estándard, con un fraseo inicial de los más reconocibles en la historia del jazz.


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La influencia de los Jazz Messengers, por supuesto, no se limita a esta grabación. Su legado es doble o triple. Por una parte, una cincuentena de álbumes de estudio, más otros tantos a partir de sesiones en directo. Por otra, la banda se convirtió a partir de los 60 en obligada referencia del hard bop 'tradicional' para quienes nunca comulgaron con la experimentación del avant-garde el free jazz o las fusiones de todo tipo. Y, finalmente, la formación sirvió de inagotable cantera musical a lo largo de casi cuatro décadas.

Lee Morgan, Bobby Timmons, Curtis Fuller, Cedar Walton o Wayne Shorter. Todos ellos nacieron al menos tres lustros después que Blakey, y todos ellos se convirtieron en prominentes músicos al calor de los Jazz Messengers. Gracias a la filosofía del propio Blakey, que ya en 1954 proclamó su intención de reclutar fundamentalmente jóvenes para su banda, y reemplazarlos periódicamente. Porque rodearse de jóvenes talentos "mantiene la mente activa", dijo.

Una filosofía que siguió a rajatabla en años posteriores, con aún más diferencia de edad respecto a sus músicos. Así, por los Jazz Messengers pasaron nombres como Keith Jarret, Chick Corea o los hermanos Wynton y Bradford Marsalis, entre muchísimos otros que luego destacaron como líderes de sus propias bandas. Todo ello, a lo largo de cuatro décadas diferentes, hasta el álbum final 'One For All', de 1990, grabado apenas unos meses antes de la muerte de Blakey.

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ART BLAKEY AND THE JAZZ MESSENGERS, LA BANDA

Es uno de los principales baterías de la historia del jazz. Y una de las formaciones más características del hard bop. Y una inagotable cantera de músicos. Todo en uno. Con estas pistas, ya lo habréis adivinado, solo nos podemos referir a Art Blakey and The Jazz Messengers.


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Blakey, nacido en 1919 en Pittsburgh –cuna de otros grandes músicos, como el recientemente desaparecido Horace Parlan o George Benson–, tuvo una infancia y adolescencia no especialmente sencilla, y una vida personal posterior también bastante movida, incluyendo cuatro esposas y 10 hijos, abusos de drogas y alcohol, y una desmedida afición a la nicotina.

Igual de agitada, pero en el buen sentido, fue su carrera musical, enrolándose en las bandas de Fletcher Henderson, o Billey Eckestine, y tocando para grandes como Miles Davis, Charlie Parker, Dizzy Gillespie o Thelonius Monk. Además de una pionera estancia de dos años en África, de donde volvió con nuevos sonidos –o viejos, porque en el fondo se trataba de un viaje a las raíces–. Hasta que llegaron los Jazz Messengers, su formación estrella, que lideró desde mediados de los 50 hasta el día de su muerte, en 1990, y que dejó una inabarcable impronta musical. Incluyendo un megaclásico como Moanin'.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #3:
TETE MONTOLIU. TETE!

Tete Montoliu, que fue durante una temporada residente en mítico el Jazzhus Montmartre de Copenhague, grabó algunos de sus más importantes discos en el sello danés Steeplechase. Incluyendo la que muchos consideran su obra maestra, este 'Tete!' en el que el gran pianista catalán reinterpreta en su vigoroso estilo media docena de famosísimos standards.

Un clásico inestimable, con el que acabamos nuestra pequeña (y muy personal) selección de joyas de Steeplechase. Y que destacamos no solo porque Tete fuera vecino nuestro en Barcelona y cliente habitual en la tienda, sino porque es uno de nuestros preferidos de entre las casi mil referencias del sello danés –todas ellas, disponibles en Jazz Messengers–.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #3:
TETE MONTOLIU. TETE!

Tete Montoliu, que fue durante una temporada residente en mítico el Jazzhus Montmartre de Copenhague, grabó algunos de sus más importantes discos en el sello danés Steeplechase. Incluyendo la que muchos consideran su obra maestra, este 'Tete!' en el que el gran pianista catalán reinterpreta en su vigoroso estilo media docena de famosísimos standards.

Un clásico inestimable, con el que acabamos nuestra pequeña (y muy personal) selección de joyas de Steeplechase. Y que destacamos no solo porque Tete fuera vecino nuestro en Barcelona y cliente habitual en la tienda, sino porque es uno de nuestros preferidos de entre las casi mil referencias del sello danés –todas ellas, disponibles en Jazz Messengers–.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #2:
ARCHIE SHEPP & HORACE PARLAN. GOIN' HOME

El saxofonista Archie Shepp y el pianista Horace Parlan –fallecido recientemente–, además de ser grandes amigos, grabaron dos duetos memorables para Steeplechase en la década de 1970. Y el más memorable es probablemente este 'Goin' Home', en el que ambos revisitan clásicos espirituales afroamericanos con una visión vanguardista.

Un álbum reverenciado entonces por la crítica, la de entonces y la de ahora, y que, encima, es uno de nuestros favoritos de entre todo el vasto catálogo de Steeplechase –disponible íntegramente en nuestra tienda–


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JOYAS DE STEEPLECHASE #2:
ARCHIE SHEPP & HORACE PARLAN. GOIN' HOME

El saxofonista Archie Shepp y el pianista Horace Parlan –fallecido recientemente–, además de ser grandes amigos, grabaron dos duetos memorables para Steeplechase en la década de 1970. Y el más memorable es probablemente este 'Goin' Home', en el que ambos revisitan clásicos espirituales afroamericanos con una visión vanguardista.

Un álbum reverenciado entonces por la crítica, la de entonces y la de ahora, y que, encima, es uno de nuestros favoritos de entre todo el vasto catálogo de Steeplechase –disponible íntegramente en nuestra tienda–


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JOYAS DE STEEPLECHASE #1:
CHET BAKER. THE TOUCH OF YOUR LIPS

De entre las muchas joyas del sello danés independiente Steeplechase –del cual en Jazz Messengers disponemos de su catálogo íntegro–, y como elección muy personal, queremos destacar hoy esta maravilla.

Grabado en un glorioso 1979 en el que el trompetista de la voz de seda editó seis discos para el sello, 'The Touch Of Your Lips' incluye la deliciosa balada que da nombre al álbum, una de las más representativas del repertorio de Baker. Y también otras gemas como 'I Waited for you' o 'Autumn In New York'.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #1:
CHET BAKER. THE TOUCH OF YOUR LIPS

De entre las muchas joyas del sello danés independiente Steeplechase –del cual en Jazz Messengers disponemos de su catálogo íntegro–, y como elección muy personal, queremos destacar hoy esta maravilla.

Grabado en un glorioso 1979 en el que el trompetista de la voz de seda editó seis discos para el sello, 'The Touch Of Your Lips' incluye la deliciosa balada que da nombre al álbum, una de las más representativas del repertorio de Baker. Y también otras gemas como 'I Waited for you' o 'Autumn In New York'.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #1:
CHET BAKER. THE TOUCH OF YOUR LIPS

De entre las muchas joyas del sello danés independiente Steeplechase –del cual en Jazz Messengers disponemos de su catálogo íntegro–, y como elección muy personal, queremos destacar hoy esta maravilla.

Grabado en un glorioso 1979 en el que el trompetista de la voz de seda editó seis discos para el sello, 'The Touch Of Your Lips' incluye la deliciosa balada que da nombre al álbum, una de las más representativas del repertorio de Baker. Y también otras gemas como 'I Waited for you' o 'Autumn In New York'.


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JOYAS DE STEEPLECHASE #1:
CHET BAKER. THE TOUCH OF YOUR LIPS

De entre las muchas joyas del sello danés independiente Steeplechase –del cual en Jazz Messengers disponemos de su catálogo íntegro–, y como elección muy personal, queremos destacar hoy esta maravilla.

Grabado en un glorioso 1979 en el que el trompetista de la voz de seda editó seis discos para el sello, 'The Touch Of Your Lips' incluye la deliciosa balada que da nombre al álbum, una de las más representativas del repertorio de Baker. Y también otras gemas como 'I Waited for you' o 'Autumn In New York'.


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STEEPLECHASE, CALIDAD NÓRDICA

No es necesario ser una gran discográfica made in USA para convertirse en alguien respetado e influyente en el mundo del jazz. Y si no, ahí está el caso de Steeplechase, el sello independiente danés que lleva ya 45 años dando lecciones de calidad urbi et orbe. Y del que en Jazz Messengers tenemos su catálogo íntegro.


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Todo empezó a principios de los 70, cuando el alma mater de Steeplechase, Nils Winther, entonces un joven estudiante, se pasaba las noches en el mítico Jazzhus Montmartre de Copenhague. Una ciudad, entonces –y ahora–, con una vivísima escena jazzística, tanto por la abundancia de buenos músicos locales como por la presencia constante de expatriados norteamericanos de la talla de Dexter Gordon, Stan Getz, Ben Webster, Kenny Drew o el recientemente fallecido Horace Parlan.

De manera casi casual –y gracias al contacto de Drew–, Winther grabó en su sala preferida un concierto del saxofonista Jackie McLean. Que, mientras Winther tiraba de una beca universitaria y de exprimir las jornadas –en Steeplechase y en la universidad– se convertiría en 'Live at Montmartre', el primero de los más de 900 álbumes editados por el sello danés.

El despegue definitivo de Steeplechase se produjo poco después. En parte, por la habilidad de Winther para fichar a grandes talentos que se habían quedado sin contrato en discográficas mayores como Blue Note. Y en parte, por el tirón de los jazzmen establecidos o de paso por Dinamarca que supo atraer a sus filas. Así, los Gordon, Webster o Drew grabaron para él en los 70 una serie de álbumes que cimentaron el prestigio del sello, que en los años siguientes se convirtió en la segunda –o primera– casa de gente como Duke Jordan, Lee Konitz o Andrew Hill, entre otros muchos.

En Jazz Messengers estamos orgullosos de disponer del catálogo completo del sello danés. Casi un millar de referencias muy diversas, pero que tienen un rasgo en común: la calidad. Calidad musical, por supuesto, pero también física, muchos de ellos en vinilo de 180 gramos y con cuidadas carpetas. El próximo día presentaremos una breve -y muy personal- selección de algunas de estas maravillas.

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AVISHAI COHEN, UN TROMPETISTA A UNA BARBA PEGADO

Es, sin duda alguna, la barba más característica del jazz actual. Hablamos del trompetista –y es pertinente precisarlo– Avishai Cohen Music, que dejó su Israel natal para comerse el mundo a lomos de su instrumento. Y a hombros de gigantes.


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Sobre todo, de un gigante en particular. Y es que Avishai Cohen siempre se ha declarado deudor de Miles Davis. Y, salvando las lógicas distancias, bastante de Miles se aprecia en el músico israelí. Cohen ejecuta –y compone– un jazz a ratos cerebral e intelectual, a ratos cálido y emocional, y a otros ratos, todo a la vez. Todo ello, en su propio estilo relajado, huyendo de exhibiciones pulmonares y –pese a su depurada técnica– de todo lo que se parezca a alardes de virtuosismo.

La compleja simplicidad del jazz de Avishai Cohen se potencia con un look sencillamente insuperable, que a su barba hipster con reminiscencias hasídicas añade profusión de pulseras, anillos y tocados diversos. Unos poderosos ingredientes que Cohen ha desarrollado a través de una inteligente carrera, alternando sus álbumes y giras como líder con participaciones en el interesante SFJAZZ Collective, en el peculiar trío de trompetas Tea for 3 –con el muy creativo Dave Douglas y con Enrico Rava–, y hasta con su propia familia.

COHEN, COHEN, COHEN (Y COHEN)

Y es que el apellido Cohen es algo en el jazz israelíl. Además de Avishai, sus hermanos Yuval, al saxofón, y Anat, al clarinete, son también músicos destacados, y los tres han grabado y tocado con el –evidente– nombre de 3 Cohens, en la que es –con permiso de los muchos Marsalis– una de las asociaciones familiares más productivas del jazz actual. Una saga de la que no forma parte otro gran jazzman israelí de nombre también Avishai Cohen, bajista, rasurado y sin lazos familiares con nuestro protagonista de hoy. De hecho, se dice que para diferenciarse, el Cohen barbado –más joven– eligió un muy identificativo título para su primer álbum en solitario: 'The Trumpet Player'.

Un álbum destacable, pero nosotros vamos a destacar otro. El último, 'Into the Silence', un doble LP grabado el año pasado para el sello ECM, en el que Cohen hace gala de su sensibilidad en seis temas que giran alrededor de los últimos días de su padre. Un disco minimalista, lleno de sordina y de exquisitos diálogos trompeta-saxo, que ha sido unánimemente aclamado por la crítica internacional. Que sirva de muestra el megapiropo que le lanzó el critico del NY Times Ben Ratliff: "Como Davis, Cohen sabe hacer de la trompeta un vehículo para proferir los más conmovedores gritos humanos".


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ELLA FITZGERALD EN SU MEJOR MOMENTO

La Primera Dama de la Canción estaba en su mejor momento a finales de los 50 y principios de los 60. Acababa de publicar un par de discos icónicos junto a Louis Armstrong, 'Ella & Louis' y 'Porgy & Bess', y su edad y trayectoria le daban una perfecta combinación de energía y experiencia.

En ese momento, Ella Fitzgerald era respetada y querida en todo el mundo, como una de las mayores estrellas del jazz vocal. Pero el público holandés tenía un 'feeling' especial por ella. Se presentó primero en Ámsterdam en 1957, con el espectáculo itinerante Jazz at the Philharmonic, –una idea de Norman Granz que sacó el jazz de los clubes para llevarlo a un público masivo, presentando a estrellas como la propia Ella, Charlie Parker, Dizzy Gillespie y muchos otros–.

Ella, acompañada por Don Abney al piano, Herb Ellis a la guitarra, Ray Brown al bajo y Jo Jones a la batería, encantó a su audiencia –incluyendo a la audiencia que la vio desde su casa, porque el concierto fue retransmitido por la televisión holandesa– con su mágica voz, con sus bromas sobre Elvis Presley y con referencias a un restaurante de la ciudad.

Un gran evento y un gran éxito. Así que Ella volvió tres años después al mismo escenario del Concertgebouw, otra vez como una estrella y otra vez con el mismo éxito, esta vez con Paul Smith (piano), Jim Hall (guitarra), Wilfred Middlebrook (bajo) y Gus Johnson (batería) .


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Dos conciertos históricos. Y ambos están incluidos en este magnífico CD en edición digipack. 73 minutos y 21 canciones de Ella, incluyendo 'Mack the Knife' –la cantó por primera vez en su segunda visita a Ámsterdam– y la magnífica 'S Wonderful' que da nombre al álbum. Un lujo. Y una excelente manera de celebrar el centenario del nacimiento de Ella.

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100 AÑOS DE ELLA

Reina del Jazz. Primera Dama de la Canción. Lady Ella. Estos son los nombres que se ganó una de las más grandes entre las grandes en la historia del jazz. Ella Fitzgerald, una mujer pobre negra que nació exactamente hace un siglo.


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Al decir pobre, lo decimos literalmente. Ella nació el 25 de abril de 1917 en Virginia, de una pareja soltera. Fue criada por su madre y su padrastro –que, según algunos biógrafos, podría haber abusado de ella–-. Tuvo que cambiar varias veces de escuela, trabajó vigilando para un burdel, fue a parar a un orfanato y a un reformatorio, e incluso sobrevivió un par de años como 'homeless', cantando por las calles de Nueva York por unas monedas.

No se trata exactamente de una infancia pacífica. Pero todo empezó a cambiar a la edad de 17 años, cuando Ella debutó como cantante en un concurso para aficionados en Harlem, en el Apollo Theather. Obviamente, ganó. Y poco después Chick Webb la reclutó para su banda, que fue renombrada como 'Ella Fitzgerald y su Orquesta' cuando este murió.

Desde entonces, Ella fue considerada a menudo como la mejor entre las cantantes femeninas de jazz. Y estamos hablando de una época llena de grandes vocalistas, pero Ella destacó por el don de su calidad vocal y su amplio registro. Fue la primera mujer afroamericana en ganar un Grammy, en 1958. Y luego ganó otros 12 y vendió 40 millones de álbumes, en una exitosa carrera que se extendió por décadas y produjo toneladas de discos.

Ella nació como una mujer pobre negra en el sur profundo, pero murió como una estrella universalmente reconocida y respetada en Beverly Hills, a la edad de 79 años. A veces los dioses de jazz son dulces con sus artistas.

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EXCLUSIVA RECORD STORE DAY 2017
WES MONTGOMERY WITH THE WYNTON KELLY TRIO - SMOKIN’ IN SEATTLE: LIVE AT THE PENTHOUSE

Pat Metheny dijo sobre 'Smokin' At The Half Note', de Wes Montgomery y el trío de Wynton Kelly, que se trata "absolutamente del mejor álbum de jazz de guitarra jamás realizado". Menos de un año después de este clásico, Montgomery y el trío de Kelly se presentaron en el Penthouse de Seattle, y este álbum recoge algunas de esas históricas sesiones, nunca publicadas hasta hoy.


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Como exclusiva Record Store Day, esta joya para coleccionistas y buenos amantes del jazz está disponible en una edición limitada en forma de LP de lujo, que incluye material gráfico difícil de encontrar, textos y entrevistas, o como una edición en CD disponible en mayo. Por lo tanto, los amantes del vinilo tienen una opción: o compran ya una de las pocas copias editadas, o se verán condenados a perseguirlo de tienda de segunda mano en tienda de segunda mano, quizás para toda la eternidad.

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EXCLUSIVA RECORD STORE DAY 2017
BILL EVANS - ANOTHER TIME: THE HILVERSUM CONCERT

¿Un concierto inédito de Bill Evans? Sí. Y puedes comprarlo hoy mismo. En una edición de lo más limitado. Esta es la magia del Record Store Day.


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22 de junio de 1968. El trío de Bill Evans, con Eddie Gómez al bajo y Jack DeJohnette a la batería, tocó en directo para la radio holandesa en Hilversum, en la que es una de las tres únicas grabaciones conocidas de esta formación, que solo tocó junta como trío durante apenas seis meses.

La cintas originales han estado olvidadas y durmiendo en silencio –y en condiciones prístinas– durante casi 50 años, y ahora se publican en forma de LP en edición de lujo. Al decir de lujo queremos decir que se incluyen fotos inéditas, ensayos y entrevistas, en una edición con sonido de máxima calidad. Una verdadera joya para los amantes de Bill Evans y para todos los amantes del jazz. Bueno, para todos los amantes del jazz que no duerman hasta tarde. ¿O tenemos que recordar que se trata de una exclusiva Record Store Day, en edición limitadísima, y que una vez agotada no tendrá reediciones?

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EXCLUSIVA RECORD STORE DAY 2017
BILL EVANS - ANOTHER TIME: THE HILVERSUM CONCERT

¿Un concierto inédito de Bill Evans? Sí. Y puedes comprarlo hoy mismo. En una edición de lo más limitado. Esta es la magia del Record Store Day.


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22 de junio de 1968. El trío de Bill Evans, con Eddie Gómez al bajo y Jack DeJohnette a la batería, tocó en directo para la radio holandesa en Hilversum, en la que es una de las tres únicas grabaciones conocidas de esta formación, que solo tocó junta como trío durante apenas seis meses.

La cintas originales han estado olvidadas y durmiendo en silencio –y en condiciones prístinas– durante casi 50 años, y ahora se publican en forma de LP en edición de lujo. Al decir de lujo queremos decir que se incluyen fotos inéditas, ensayos y entrevistas, en una edición con sonido de máxima calidad. Una verdadera joya para los amantes de Bill Evans y para todos los amantes del jazz. Bueno, para todos los amantes del jazz que no duerman hasta tarde. ¿O tenemos que recordar que se trata de una exclusiva Record Store Day, en edición limitadísima, y que una vez agotada no tendrá reediciones?

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EXCLUSIVA RECORD STORE DAY 2017
BILL EVANS - ANOTHER TIME: THE HILVERSUM CONCERT

¿Un concierto inédito de Bill Evans? Sí. Y puedes comprarlo hoy mismo. En una edición de lo más limitado. Esta es la magia del Record Store Day.


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22 de junio de 1968. El trío de Bill Evans, con Eddie Gómez al bajo y Jack DeJohnette a la batería, tocó en directo para la radio holandesa en Hilversum, en la que es una de las tres únicas grabaciones conocidas de esta formación, que solo tocó junta como trío durante apenas seis meses.

La cintas originales han estado olvidadas y durmiendo en silencio –y en condiciones prístinas– durante casi 50 años, y ahora se publican en forma de LP en edición de lujo. Al decir de lujo queremos decir que se incluyen fotos inéditas, ensayos y entrevistas, en una edición con sonido de máxima calidad. Una verdadera joya para los amantes de Bill Evans y para todos los amantes del jazz. Bueno, para todos los amantes del jazz que no duerman hasta tarde. ¿O tenemos que recordar que se trata de una exclusiva Record Store Day, en edición limitadísima, y que una vez agotada no tendrá reediciones?

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EXCLUSIVA RECORD STORE DAY 2017
JACO PASTORIUS - TRUTH, LIBERTY & SOUL - LIVE IN NYC: THE COMPLETE 1982 NPR JAZZ ALIVE!

Limitado (adj): "Confinado con límites. Restringido o circunscrito". Esto dicen los diccionarios. Como cada tercer sábado de abril desde 2007, las tiendas de discos tiendas independientes de todo el mundo lo celebran poniendo a la venta ediciones limitadas exclusivas de discos especialmente seleccionados. Por limitadas y exclusivas, nos referimos a muy pocas copias y a que no habrá reediciones. Nada de reservas. Cuando se agota un título, se agota. O sea, que daos prisa o arrepentíos para siempre.

A todos nos encanta Jaco Pastorius. 30 años después de su muerte, sigue siendo uno de los bajistas más influyentes de la historia del jazz. Y estaba en su plenitud el 27 de junio de 1982, en el Avery Fisher Hall de Nueva York. Ese magnífico concierto reunió en torno a Jaco a músicos de máximo nivel como Randy Brecker, Jon Faddis o Bob Mintzer, además del legendario armonicista Toots Thielemans. Nunca se llegó a publicar como disco oficial, y solo existía en forma de unos cuantos bootlegs incompletos y con poca calidad de sonido.


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Hasta hoy. Esta edición limitada –insistimos– está disponible en forma de triple LP, exclusiva para el Record Store Day, con sonido de alta calidad restaurado de la cinta original de 24 pistas, así como en edición en doble CD disponible a partir de mayo. O sea que mejor daos prisa, amantes del vinilo.

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VINILO, CD Y MP3: CUANDO EL FORMATO SÍ IMPORTA

El sorprendente auge de la música en vinilo ha traído una polémica recurrente entre los (buenos) aficionados a la música (y los aficionados al jazz son muy buenos): ¿Se oye mejor el vinilo que el CD? ¿Suena de verdad "más cálido"? Una espinosa cuestión a la que se pueden dar varias respuestas largas, y una corta. Empecemos por la corta: CD y vinilo tienen sus pros y sus contras, pero lo que de verdad apesta es ese engendro del demonio llamado mp3.

A favor del vinilo se suele argumentar una supuesta calidez del sonido analógico que no tendría la música en CD. Algo de eso hay. Aunque los expertos puntualicen que en buena parte se debe a la distorsión que causa la propia aguja al pasar por los surcos. Es decir, que se trataría de un defecto, a pesar de que los oídos del aficionado lo interpretan a menudo como una virtud.

También se habla de una mayor compresión del rango dinámico, y de una mejor respuesta del vinilo en volúmenes altos, frente a un CD que responde mejor a poco volumen. No hace falta ser un técnico de sonido, de hecho, para oír el paso de la aguja a volúmenes muy bajos.

Por contra, el vinilo se desgasta inevitablemente a cada uso, requiere unos cuidados especiales y hay que almacenarlo y transportarlo con sumo cuidado. Defectos que, de nuevo, son percibidos como virtudes, por lo que implican de ritual. Y es que la escucha en formato digital se convierte en ocasiones, inevitablemente, en un sonido de fondo mientras uno está por otras cosas. Algo que es más difícil de que ocurra tras el delicado proceso de extraer cuidadosamente un vinilo de su carpeta, limpiarlo con mimo, colocar la aguja con aún más mimo y verse "obligado" a escuchar las canciones en el orden en el que las concibió el artista.

Sin duda, el auge del vinilo responde en parte a este componente romántico, a una revalorización de los objetos físicos en un mundo digital. Por eso son parte fundamental de los vinilos sus grandes carpetas con grandes fotos. Mejor aún, si se presentan en formato desplegable. Aunque las buenas ediciones en CD también vienen con magníficos libretos, a veces de muchas páginas, con valiosa información sobre el álbum.

Ambos formatos, vinilo y CD, presentan sus ventajas e inconvenientes. Suenan distinto, se presentan de distinta forma, y cada aficionado tendrá sus preferencias. Pero todos estarán de acuerdo en algo: no son comparables a la aberración del mp3 o de la música en streaming, con compresiones a veces simplemente inaceptables, sin matices, sin ritual, sin nada tangible... sin alma, en definitiva.

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VINILO, CD Y MP3: CUANDO EL FORMATO SÍ IMPORTA

El sorprendente auge de la música en vinilo ha traído una polémica recurrente entre los (buenos) aficionados a la música (y los aficionados al jazz son muy buenos): ¿Se oye mejor el vinilo que el CD? ¿Suena de verdad "más cálido"? Una espinosa cuestión a la que se pueden dar varias respuestas largas, y una corta. Empecemos por la corta: CD y vinilo tienen sus pros y sus contras, pero lo que de verdad apesta es ese engendro del demonio llamado mp3.

A favor del vinilo se suele argumentar una supuesta calidez del sonido analógico que no tendría la música en CD. Algo de eso hay. Aunque los expertos puntualicen que en buena parte se debe a la distorsión que causa la propia aguja al pasar por los surcos. Es decir, que se trataría de un defecto, a pesar de que los oídos del aficionado lo interpretan a menudo como una virtud.

También se habla de una mayor compresión del rango dinámico, y de una mejor respuesta del vinilo en volúmenes altos, frente a un CD que responde mejor a poco volumen. No hace falta ser un técnico de sonido, de hecho, para oír el paso de la aguja a volúmenes muy bajos.

Por contra, el vinilo se desgasta inevitablemente a cada uso, requiere unos cuidados especiales y hay que almacenarlo y transportarlo con sumo cuidado. Defectos que, de nuevo, son percibidos como virtudes, por lo que implican de ritual. Y es que la escucha en formato digital se convierte en ocasiones, inevitablemente, en un sonido de fondo mientras uno está por otras cosas. Algo que es más difícil de que ocurra tras el delicado proceso de extraer cuidadosamente un vinilo de su carpeta, limpiarlo con mimo, colocar la aguja con aún más mimo y verse "obligado" a escuchar las canciones en el orden en el que las concibió el artista.

Sin duda, el auge del vinilo responde en parte a este componente romántico, a una revalorización de los objetos físicos en un mundo digital. Por eso son parte fundamental de los vinilos sus grandes carpetas con grandes fotos. Mejor aún, si se presentan en formato desplegable. Aunque las buenas ediciones en CD también vienen con magníficos libretos, a veces de muchas páginas, con valiosa información sobre el álbum.

Ambos formatos, vinilo y CD, presentan sus ventajas e inconvenientes. Suenan distinto, se presentan de distinta forma, y cada aficionado tendrá sus preferencias. Pero todos estarán de acuerdo en algo: no son comparables a la aberración del mp3 o de la música en streaming, con compresiones a veces simplemente inaceptables, sin matices, sin ritual, sin nada tangible... sin alma, en definitiva.

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VINILO, CD Y MP3: CUANDO EL FORMATO SÍ IMPORTA

El sorprendente auge de la música en vinilo ha traído una polémica recurrente entre los (buenos) aficionados a la música (y los aficionados al jazz son muy buenos): ¿Se oye mejor el vinilo que el CD? ¿Suena de verdad "más cálido"? Una espinosa cuestión a la que se pueden dar varias respuestas largas, y una corta. Empecemos por la corta: CD y vinilo tienen sus pros y sus contras, pero lo que de verdad apesta es ese engendro del demonio llamado mp3.

A favor del vinilo se suele argumentar una supuesta calidez del sonido analógico que no tendría la música en CD. Algo de eso hay. Aunque los expertos puntualicen que en buena parte se debe a la distorsión que causa la propia aguja al pasar por los surcos. Es decir, que se trataría de un defecto, a pesar de que los oídos del aficionado lo interpretan a menudo como una virtud.

También se habla de una mayor compresión del rango dinámico, y de una mejor respuesta del vinilo en volúmenes altos, frente a un CD que responde mejor a poco volumen. No hace falta ser un técnico de sonido, de hecho, para oír el paso de la aguja a volúmenes muy bajos.

Por contra, el vinilo se desgasta inevitablemente a cada uso, requiere unos cuidados especiales y hay que almacenarlo y transportarlo con sumo cuidado. Defectos que, de nuevo, son percibidos como virtudes, por lo que implican de ritual. Y es que la escucha en formato digital se convierte en ocasiones, inevitablemente, en un sonido de fondo mientras uno está por otras cosas. Algo que es más difícil de que ocurra tras el delicado proceso de extraer cuidadosamente un vinilo de su carpeta, limpiarlo con mimo, colocar la aguja con aún más mimo y verse "obligado" a escuchar las canciones en el orden en el que las concibió el artista.

Sin duda, el auge del vinilo responde en parte a este componente romántico, a una revalorización de los objetos físicos en un mundo digital. Por eso son parte fundamental de los vinilos sus grandes carpetas con grandes fotos. Mejor aún, si se presentan en formato desplegable. Aunque las buenas ediciones en CD también vienen con magníficos libretos, a veces de muchas páginas, con valiosa información sobre el álbum.

Ambos formatos, vinilo y CD, presentan sus ventajas e inconvenientes. Suenan distinto, se presentan de distinta forma, y cada aficionado tendrá sus preferencias. Pero todos estarán de acuerdo en algo: no son comparables a la aberración del mp3 o de la música en streaming, con compresiones a veces simplemente inaceptables, sin matices, sin ritual, sin nada tangible... sin alma, en definitiva.

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JAZZ FOR LAUGHS

Imagina que escuchas un disco nuevo que no conocías, y suena bastante familiar. Imagina que suena como el 'Kind of Blue' de Miles Davis. Imagina que no es solo similar, sino que es una reproducción nota por nota de 'Kind of Blue'. Pues Mostly Other People Do the Killing lo hicieron. Para echarse unas risas.

MOPDtK es una banda de jóvenes, irreverentes e iconoclastas músicos de jazz. Algunas de las portadas de sus álbumes son parodias de clásicos –'Shamokin', su segundo trabajo, imita el célebre 'Night in Tunisia' de Art Blakey, por ejemplo–, muchos de sus discos se llaman como poblaciones de Pensilvania y alguno de sus videoclips incluye dibujos animados.

Esto supone un buen sentido del humor. Pero 'Blue' va más allá del humor. Al interpretar una reproducción exacta de la obra más famosa de la historia del jazz, MOPDtK satiriza la peligrosa –y fosilizante– tendencia de considerar el jazz como la música clásica de nuestro tiempo. Luego, si es música clásica, ¿por qué no interpretarla como música clásica? Brillante.

Y por cierto que MOPDtK no es una banda de parodias. Son excelentes músicos y compositores, y 'Loafer's Hollow', su último disco, es una excelente, alegre y efusiva muestra de composiciones inspiradas en el gran swing de los años 30 y 40. Y no es fácil de encontrar en Europa.


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ELLA & LOUIS. NO HACE FALTA DECIR MÁS

Decimos Ella. Decimos Louis. No hacen falta apellidos, ya sabemos todos de quién hablamos. Decimos ‘Ella & Louis’. No hace falta decir nada más.


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Publicado en el mágico año de 1956, ‘Ella & Louis’ es quizás la más conocida de las colaboraciones entre dos de los artistas más grandes de la historia del jazz, la vocalista Ella Fitzgerald –el centenario del nacimiento de la cual se celebra ya mismo, el 25 de abril–, y el trompetista y cantante Louis Armstrong . Se convirtió en un clásico instantáneo, y ahora es casi inmortal.

'Ella & Louis' recoge un puñado de grandes standards americanos, firmados por compositores como Irving Berlin o los hermanos Gershwin. Una receta para el éxito, que ayudó a expandir el jazz –o, al menos, elementos del jazz– entre un público general –y blanco–.

Además, 'Ella & Louis' se adelanta a su tiempo por su portada, que podría firmar cualquier diseñador moderno. Sólo una mujer y un hombre vestidos de manera sencilla, sentados en sencillas sillas en una habitación sencilla. Y una sencilla leyenda, 'ella & louis'. No hacen falta más explicaciones. Es Ella y es Louis. No hace falta decir más.

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ELLA, LOUIS, PORGY AND BESS

El jazz tiene su propia ópera, y su nombre es 'Porgy And Bess'. Y recordarlo es una buena manera de celebrar el centenario del nacimiento de Ella Fitzgerald, el inminente 25 de abril próximo.


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Escrita en 1934 por George Gershwin, 'Porgy And Bess' fue la fuente de un montón de famosos estandards –incluyendo 'Summertime', 'It Ain't Necessarily So' o 'I Loves You Porgy–-. Fue también uno de los primeros intentos logrados de unir la música popular y de raíz norteamericana con las formas de la 'alta' cultura personificadas por la ópera clásica.

'Porgy And Bess' obtuvo un gran éxito. También obtuvo una controversia considerable, desde el momento en que presentaba una visión estereotipada de la comunidad negra, ahogada en un mundo de drogas y violencia. Sin embargo, y para compensar el abuso de clichés, los hermanos Gershwin insistieron en que su obra debía ser interpretada por cantantes afroamericanos, y no por blancos con la cara pintada, al estilo de Al Jolson.

En sus más de 80 años de historia, 'Porgy And Bess' ha visto un montón de versiones y de discos. Pero seguramente ninguno tan famoso como el homónimo álbum doble que Ella Fitzgerald y Louis Armstrong grabaron en 1957. Un verdadero hito en la historia del jazz vocal, protagonizado por dos monstruos como Ella y Louis, que se compenetran como nadie. Y un vinilo imprescindible en la colección de cualquier buen aficionado.

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TODOS PARA UNO, UNO PARA TODOS CON EL FREE JAZZ

Air no fueron precisamente profetas en su tierra. Al menos, al principio de sus carreras.

El trío de free jazz y avant-garde Air, formado en Chicago a mediados de los 70 –y pronto trasladado a Nueva York, donde se uniría a la floreciente escena loft-jazz de la ciudad–, lanzó sus tres primeros discos fuera de los EEUU, para el sello japonés Whynot y el italiano Black Saint, y solo 'volvió' a casa con su cuarto trabajo, 'Air Time'.

Como dijo AllMusic, "el trío Air tenía como objetivo lograr una estrecha interacción entre tres iguales musicales", Henry Threadgill al saxo, Fred Hopkins al bajo y Steve McCall a la batería. Y eso mismo hicieron en 'Air Time', combinado con un montón de solos de todos los miembros de la banda –era un grupo realmente democrático– y con su querencia habitual a la improvisación. El resultado, un 'must' para todos los aficionados y coleccionistas del free jazz.


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EL PRIMER DUKE ‘UNCUT’

Parece increíble, pero el primer LP de Duke Ellington no se grabó hasta finales de 1950. Y es este. Y tiene toda una historia detrás.

El formato long play ya llevaba dos años largos en el mercado cuando Columbia Records se decidió a publicar a Duke, en lo que hoy en día parece una dilación imperdonable. Ellington y su orquesta, eso sí, aprovecharon la ocasión, y prepararon una magnífica grabación con sus mayores éxitos hasta la fecha, liberados de la grave limitación de los discos de 78 rpm, que apenas permitían una canción de tres o cuatro minutos por cada cara.

Lo destacable es que, en lugar de atiborrar el álbum de temas breves, como era costumbre en los primeros tiempos de las 33 rpm, un clarividente Ellington optó por incluir solo cuatro piezas en el disco. Solo cuatro, pero en sus versiones 'extendidas'. Es decir, tal y como se interpretaban en directo, superando los 10 o hasta 15 minutos de duración. Se trata de tres de sus clásicos, 'Mood Indigo', 'Sophisticated Lady' y 'Solitude', además de lo que entonces se anunció como "una espléndida nueva obra", 'The Tattoed Bride'. De hecho, y para remarcar esta entonces novedosa característica, las cuatro piezas se publicaron con el inequívoco subtitulo de 'in uncut concert arrangements'.

La sesión, registrada el 19 de diciembre de 1950, tiene por este motivo una indudable importancia histórica. Pero también porque es una de las últimas en que la orquesta de Duke se presentó con su formación más clásica, antes del éxodo de Johnny Hodges, Lawrence Brown y Sonny Greer, y recoge las últimas composiciones escritas y orquestadas por la pareja Duke Ellington-Billy Staryhorn para esa imbatible alineación.


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Obras maestras con historia, presentadas en un cuidado vinilo –remasterizado a partir del original analógico– con portada gatefold. Una magnífica edición que hace honor al nombre de su sello, Pure Pleasure.

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EL PRIMER DUKE ‘UNCUT’

Parece increíble, pero el primer LP de Duke Ellington no se grabó hasta finales de 1950. Y es este. Y tiene toda una historia detrás.

El formato long play ya llevaba dos años largos en el mercado cuando Columbia Records se decidió a publicar a Duke, en lo que hoy en día parece una dilación imperdonable. Ellington y su orquesta, eso sí, aprovecharon la ocasión, y prepararon una magnífica grabación con sus mayores éxitos hasta la fecha, liberados de la grave limitación de los discos de 78 rpm, que apenas permitían una canción de tres o cuatro minutos por cada cara.

Lo destacable es que, en lugar de atiborrar el álbum de temas breves, como era costumbre en los primeros tiempos de las 33 rpm, un clarividente Ellington optó por incluir solo cuatro piezas en el disco. Solo cuatro, pero en sus versiones 'extendidas'. Es decir, tal y como se interpretaban en directo, superando los 10 o hasta 15 minutos de duración. Se trata de tres de sus clásicos, 'Mood Indigo', 'Sophisticated Lady' y 'Solitude', además de lo que entonces se anunció como "una espléndida nueva obra", 'The Tattoed Bride'. De hecho, y para remarcar esta entonces novedosa característica, las cuatro piezas se publicaron con el inequívoco subtitulo de 'in uncut concert arrangements'.

La sesión, registrada el 19 de diciembre de 1950, tiene por este motivo una indudable importancia histórica. Pero también porque es una de las últimas en que la orquesta de Duke se presentó con su formación más clásica, antes del éxodo de Johnny Hodges, Lawrence Brown y Sonny Greer, y recoge las últimas composiciones escritas y orquestadas por la pareja Duke Ellington-Billy Staryhorn para esa imbatible alineación.


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